Temporada La Bailarina Sonámbula

LA BAILARINA SONÁMBULA:

CREACIÓN COLECTIVA BASADA EN LA VIDA Y OBRA DEL POETA CARMELITANO JOSÉ MANUEL ARANGO CON DRAMATURGIA DE CARLOS SOTO.

La puesta en escena de Teatro Tespys “La Bailarina Sonámbula” es una especie de opúsculo poético que recoge un manojo de imágenes y narrativas teatrales, que se pueden leer bien sea de modo prosaico en el escenario o de modo poético desde el patio de butacas. El proyecto de montaje contempló un proceso investigativo-compilativo sobre la vida y obra del poeta carmelitano José Manuel Arango, a través de pesquisas bibliográficas, referencias audiovisuales, archivos sonoros, entrevistas a familiares, amigos, poetas, editores y estudiosos de su obra; todo ello, arrojó como resultado una obra teatral de creación colectiva.

La propuesta no pretendió poner en escena ni la biografía del poeta ni representar sus poemas literalmente, es una búsqueda del origen prosaico de su poesía o de las provocaciones prosaicas que esos poemas pueden generar para crear historias cotidianas sobre el escenario, atizadas un poco con acontecimientos o miradas de su manera de abordar la vida, la muerte, el amor, el universo y las perversiones humanas.

El título que nombra el texto de José Manuel Arango, es el mismo que da nombre a esta propuesta creativa; en este texto el poeta brinda su visión personal de poesía y le da cuerpo. Se cita textualmente porque es la provocación inicial por donde el proyecto empezó a dar a luz imágenes, posteriormente se entró en el grueso de su obra poética para verla con “ojos escénicos”.

LA BAILARINA SONÁMBULA:

de José Manuel Arango

Hay un texto de José Lezama Lima en el que aparece una bailarina sonámbula. La frase, como es frecuente en el escritor cubano, nos sorprende como destello verbal, como súbito. La bailarina no es asunto de una narración ni motivo de un poema. Es una imagen que cruza entre una sucesión de imágenes, un miembro singular en una enumeración de prodigios.

Y, no obstante, resume y cifra la poética de Lezama. La poesía debe ser un baile. El ritmo, la música le son consustanciales. Si la prosa corresponde al caminar llano, la poesía corresponde a la danza. Debe pues empinarse, alzarse un tanto del suelo, levantarse sobre la prosa de la vida ordinaria como la bailarina se pone en puntas de pies.

Pero no es un vuelo. La bailarina no vuela. Es casi como si fuera a volar, a despegarse del suelo, pero el gesto es a medias irónico, no trata de engañar, no sugiere ninguna elevación fingida. Así como el baile nace de la marcha, es como un andar tocado por la música y regulado por el ritmo, así la poesía debiera nacer de la vida común, de sus situaciones y experiencias. La bailarina, excepto por la breve duración de un salto, mantiene los pies en la tierra.

Por otra parte están la hora, la oscuridad necesaria, el sueño. Es de noche, naturalmente. Sólo en la noche puede darse el baile de una sonámbula. Tal vez sale a bailar por las calles, aunque no se sabe de nadie que la haya visto. El baile comienza en el sueño y en cierto modo se mantiene dentro de él. Pero en cierto modo es también más que el sueño y se arranca de él. Es sabida la posición de Lezama frente al surrealismo, hecha de atracción y de desconfianza, de aceptación y negación. Él no concebía el poema como fruto de un abandonarse al sueño, como una ganancia en aguas revueltas. Quería la vigilancia, la búsqueda activa. La bailarina sonámbula lleva los ojos abiertos.

Y si es verdad que baila en sueños, también lo es que sus movimientos han sido disciplinados por un largo aprendizaje, por una cuidadosa artesanía podríamos decir con una palabra que a Lezama le era grata. Porque la poesía es como un baile sonámbulo, una conjunción de mesura y de sueño.

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Para dar un poco de contexto del poeta y su obra presentamos este texto de Pedro Arturo Estrada que da cuenta de ello de manera clara y justa:

POESÍA Y SILENCIO EN JOSÉ MANUEL ARANGO:

Por Pedro Arturo Estrada

Cuando se habla de la poesía colombiana del siglo XX, acuden a la memoria casi siempre y con justicia los mismos nombres: Porfirio Barba Jacob, León de Greiff, Luis Vidales, Aurelio Arturo, Fernando Charry Lara, Álvaro Mutis, Mario Rivero, Giovanni Quessep, Rogelio Echavarría, Jaime Jaramillo Escobar, Juan Gustavo Cobo, Juan Manuel Roca, Darío Jaramillo, etc. Pero el de José Manuel Arango (El Carmen de Viboral, 1937- Medellín, 2002), suele citarse menos a pesar de la importancia decisiva que tiene para las nuevas generaciones, cosa atribuible un poco a la misma discreción con la que vivió y el ámbito un tanto “provinciano” en el que se desenvolvió como ser humano. Mas cuando se habla de la poesía colombiana, también se tiende a pensar, lamentablemente, en cierto retoricismo no sólo característico de los poetas sino incluso de los políticos y de los colombianos mismos, por gracia o mejor desgracia, de cierta tradición clerical y españolizante apenas combatida en los últimos decenios por poetas y escritores como el propio José Manuel Arango, paradigma de concisión, precisión y austeridad formal en un país de verbosos y versificadores al montón. Fue Arango, a primera vista, durante más de veinticinco años, sólo un sencillo, humilde y tranquilo profesor universitario que con algunos amigos poetas, como Elkin Restrepo, Anabel Torres, Víctor Gaviria, Rubén Darío Lotero y otros más, editaron durante algunos años (1975-1983) la hermosa revista de poesía Acuarimántima cuyas ediciones, por lo que significó y aportó a un momento clave de la vida cultural de Medellín y del país, todavía se recuerdan, se consultan y guardan celosamente. Fue José Manuel Arango, por la originalidad, la calidad y el rigor de la obra que escribió, uno de los poetas verdaderos de Colombia en los últimos treinta años. Así lo reconoce por fin una crítica seria y estudiosa: David Jiménez, William Ospina, Piedad Bonnet, Santiago Mutis, Héctor Abad Faciolince, Pablo Montoya y muchos más. Después de su muerte, a los 65 años, se hacen cada vez más admirables la claridad, la aparente pero profunda sencillez de su estilo, la concreción y transparencia del lenguaje que manejó con la cuidadosa artesanía de quien siempre tuvo una alta conciencia de las palabras, de su valor, de su grandeza y al mismo tiempo de su fragilidad y su límite. Arango alcanzó a publicar, desde los 36 años, cinco o seis libros plenamente logrados y únicos en su tono, su temática, hondura, exactitud, penetración y lucidez expresivas: Este lugar de la noche (1973); Signos (1978); Cantiga (1987); Poemas escogidos (1988); Poemas (1991); Montañas (1995), Poemas reunidos (1997) y La tierra de nadie del sueño (poemas póstumos, 2003). Realizó, por lo demás, y con gran maestría, importantes traducciones de poetas como Georg Trakl, Whitman, Emily Dickinson, Han Shan y William Carlos Williams. Escribió algunas notas críticas y ensayos que permanecen al presente prácticamente inéditos.

LA BAILARINA SONÁMBULA: 

Actuación: Ángela Valencia, Alejandro López, Argiro Estrada, Elkin García, Carlos Soto, Guillermo Vásquez.
Luminotecnia: Camila Ríos
Escenografía y vestuario: Teatro Tespys
Pintura telón fondo: Mauricio Zuluaga
Fotografía: Valentín Betancur
Dirección: Kamber 

Agradecimientos especiales a Clara Leguizamón, Gloria Arango y Guillermo Baena.
La puesta en escena de "La Bailarina Sonámbula" fue beca de creación teatral del programa de estímulos del Instituto de Cultura y Patrimonio de Antioquia en 2017.

 

Descripción del evento

Inicio Miércoles 02 Oct 2019 8:00 am
Clausura Sábado 19 Oct 2019 10:00 pm
Capacidad 120
Cuota $9.000
Lugar Sala de Teatro Tespys - El Carmen de Viboral