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Viernes, 26 Abril 2013 23:46

Tito Andrónico

TITO ANDRÓNICO de William Shakespeare

Actuación Argiro Estrada, Carlos Soto,Gabriel Álvarez, Ángela Valencia, Ángela Cano, Irley Ruiz, Julián Rodríguez

Santiago Montoya, Elkin García, Fredy Alzate

Dirección Kamber

Composición Musical
Julián Rodríguez

Versión Dramatúrgica
Carlos Soto, Kamber

Vestuario y Diseño de Escenografía
Teatro Tespys

Luminotécnia
Valentín Betancur Ramírez

Fotografía
Sandra Zea

 

PRIMER ELOGIO A SHAKESPEARE


Así como el griego se hizo famoso y elocuente por Homero, Hesíodo, Eurípides, Esquilo, Sófocles, Píndaro, Focílides y Aristófones, y el latín por Virgilio, Ovidio, Horacio, Silio Itálico, Lucano, Lucrecio, Ausonio y Claudiano, del mismo modo el inglés se ha enriquecido poderosamente y se ha adornado con raros atavíos y brillantes prendas por sir Philip Sidney, Spencer, Daniel, Drayton, Warner, Shakespeare, Marlowe y Chapman. Como el alma de Euforbio se consideraba viviendo en Pitágoras, así el alma ingeniosa de Ovidio vive en el melifluo Shakespeare; testigos, su Venus y Adonis, su Lucrecia, sus dulces Sonetos, conocidos de sus amigos íntimos... Y así como se estima a Plauto y a Séneca cual los mejores para la comedia y la tragedia entre los latinos, así Shakespeare, entre los ingleses, es el más excelente en ambos géneros escénicos; para la comedia, testigos Los dos hidalgos de Verona, sus Equivocaciones, sus Trabajos de amor perdidos, sus Trabajos de amor ganados, su Sueño de una noche de verano y su Mercader de Venecia; para la tragedia, sus Ricardo II, Ricardo III, Enrique IV, El Rey Juan, Tito Andrónico y Romeo y Julieta. Y como Epio Stolo decía que las musas hablarían en la lengua de Plauto si quisieran hablar latín, así digo yo que las musas hablarían la bellísima y fluente frase de Shakespeare si hubiesen de hablar inglés.
(Francis Meres) (Palladis Tamia o "Tesoro del ingenio", 1598)

 

LA ESPELUZNANTE TRAGEDIA DE "TITO ANDRÓNICO" Y SU BALADA

 

Seguía a Shakespeare, a la vez que representaba, alternando la composición de las obras originales con la revisión y arreglo de antiguas piezas olvidadas. Una de éstas, que le ocupo los finales de 1593, fue Tito Andrónico.

Ignoramos cómo hasta ahora no se hizo el menor intento por trasladar a la lengua de Castilla esta tragedia, sólo comparable en horror con las Euménides, de Esquilo. Quizá su carácter, en cierto modo canivalesco; sus escenas sombrías, en que el crimen sucede con rapidez al crimen y las víctimas son bárbaramente mutiladas, detuvieran la pluma de comentaristas y traductores.

 

Y no obstante, en medio de la atroz carnicería con que se enlazan, como con una cinta roja de sangre, una tras otra, las escenas; al lado de las profundas simas en que se forja la violación y el asesinato, la serpiente duerme enroscada a los rayos del sol y el céfiro refrescante agita con dulzura en los bosques las hojas verdes, cuyas móviles sombras se dibujan sobre la tierra. Mil ecos repiten, en el trágico día de la caza, donde los hombres son las únicas fieras, el ladrido de los perros y los gemidos de las bestias acosadas, a que responden con su voz aguda los sonidos ruidosos de las trompas. Y en la tarde serena y ensangrentada añórase la feliz tempestad en que Dido y el príncipe errante se refugiaron al abrigo de una discreta gruta.

 

Shakespeare, insuperable siempre en hallar en el contraste la fuente eterna de la belleza, ha logrado sublimar, matizándolo de hermosos pensamientos, vigorosas experiencias y raras metáforas, un tema que para otros hubiera sido repulsivo.

Ciertos comentaristas y críticos, llevados del fondo de complacencia en el mal que parece presidir la entraña de toda la obra, han dudado de la paternidad de Shakespeare. Recuérdese que Eduardo Ravenscroft, dramaturgo mediocre de la época de Carlos II, cuando en 1678 preparó y dió a la escena una refundición de Tito Andrónico, manifestó que algunas personas afectas al teatro, que habían alcanzado los últimos años de Shakespeare, le confesaron que la tragedia no le pertenecía en total, sino que había sido adquirida por un empresario para ser representada, y que el célebre dramaturgo sólo intervino en ella con ciertos retoques maestros en una o dos partes de los primordiales caracteres. Edmundo Malone muestra inclinarse a la misma sospecha.

 

Otros, que admiten la tragedia como genuina de Shakespeare, la consideran su primera producción, un simple ensayo de juventud. Empero, nada más lejos que juzgar a Tito Andrónico como intento dramático. Revela bien a las claras un sistema calculado de composición, una manera, un estilo, pericia y destreza escénica acentuadas. Además, por testimonio de Ben Jonson, sabemos que Tito Andrónico gozó antaño de tan extendida popularidad como la lúgubre Tragedia española, de Tomás Kid.

 

Por otro lado, quedan, entre muchos más, dos datos incontrovertibles para tener a la obra por shakepeariana: el testimonio de Francisco Mares, que se la atribuye al célebre dramaturgo, y el haberla incluído Heminge y Condell en el folio primero. Sir Sidney Lee sólo reconoce la mano de Shakespeare en varias situaciones de Tito Andrónico y en distintos pasajes de innegable belleza. A su juicio, la obra fué escrita en conjunto en 1591, por el antes mencionado Tomás Kid, con alguna ayuda, quizá de Greene o de Peele. Shakespeare redondearía la tragedia con intervenciones felices aquí y allá, mas respetando el plan primitivo.

Desde luego, el buen catador de caracteres shakesperianos reconocerá enseguida en el Aarón, el moro -que el aludido Ravenscroft exageró al refundirlo-, uno de genuina creación shakesperiana.

Como fuentes de la tragedia señálanse una obra de semejante índole, intitulada Tito y Vespasiano, representada en 11 de abril de 1501 por los servidores de Lord Strange, y una balada del tiempo, que recogió Percy en su colección Reliquias de la antigua poesía Inglesa.

 

La balada dijérase anterior a la tragedia y su origen indudable, por cuanto Tito y Vespasiano apenas ofrece con ella nada de común. El Tito de Shakespeare es ajeno completamente al Tito de la historia. Trátase de un fantástico general romano, y la obra, en sus rasgos principales, tira a presentar un episodio ficticio de la decadencia de la Roma imperial. Menudean los anacronismos.

 

Tito Andrónico fue dado a conocer como obra "nueva" en el teatro londinense de La Rosa el 23 de enero de 1593-94 por la compañía de los servidores del conde Sussex. La licencia de impresión, por Juan Danter, lleva data del 6 de febrero del mismo año. La obra apareció de molde pocas semanas después. En la portada de la edición primera (1594) se describe como representada, no sólo por la compañía de los servidores del conde de Derby -uno de los títulos sucesivos que llevo la compañía de Shakespeare-, sino también por la del conde Pembroke y la del relatado de Sussex. La segunda edición no se estampó hasta 1600, y al nombre de las compañías citadas, que habían representado con gran éxito la tragedia, se añade el de los criados del lord chambelán, sucesor del conde de Derby en el patronazgo de la compañía del genial dramaturgo. Reprodújose esta edición en 1611, y de aquí debió de tomarla el folio primero. Empero, en éste se incluye la breve escena segunda del tercer acto, hasta entonces absolutamente desconocida, y emanante, sin duda, de la mano del propio Shakespeare.

(Luis Astrana Marín)

 

Visto 4735 veces Modificado por última vez en Lunes, 17 Junio 2013 19:40

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