El Carmen de Viboral, cuna del movimiento teatral del Oriente antioqueño

                                                           Cuadernillo distribuido durante la quinta versión de Festival Carmentea.

En El Carmen de Viboral se celebran anualmente dos festivales de teatro: El Gesto Noble y Carmentea. Este último surgió después de la consolidación de una red de teatro de este municipio, la cual lleva el mismo nombre. El movimiento teatral ha florecido allí con gran importancia para la región del Oriente antioqueño y han sido varios los factores que han incidido en este proceso.

Carmentea, es “una iniciativa independiente que reúne todas las agrupaciones teatrales del municipio para generar en red propuestas de creación, formación, proyección, investigación, gestión e intercambio de las diversas manifestaciones de las artes escénicas”, según organizadores del festival.

El festival se consolidó en el 2013. Ese año El Mundo registraba que eran ocho los grupos que participarían en su versión inaugural. Hoy, cinco años después, se han vinculado ocho grupos más. Estas iniciativas están enmarcadas en diversas artes escénicas: teatro de sala, de calle, títeres, clown, mimos, teatro infantil, magia y narración oral.

Pero ¿cuáles han sido los factores que han influido para que en El Carmen de Viboral se haya consolidado un fuerte movimiento teatral hasta el punto de fundar una red y formar un festival con grupos del municipio?

Para Carlos Mario ‘Kamber’ Betancur, la respuesta es quizá que han sido “tercos en sostener el festival” El Gesto Noble, el cual surgió en 1993 y empezó “muy pequeñito y se fue creciendo”.

Para él, el hecho de no haber parado ni un día de pensar y hacer teatro en el municipio, contribuyó a que con el tiempo, la idea de hacer teatro “calara” no solamente en El Carmen sino en el Oriente, pues en esta subregión del departamento también hay grupos de teatro con trayectoria de muchos años.

De igual modo, la constitución de redes, como la ya mencionada Carmentea y el Movimiento Gato – Grupo Amigos de Teatro del Oriente, “una asociación libre de teatreros de la región”, según explican a través de su blog, ha sido vital en el crecimiento del movimiento teatral de la región.

“Tenemos convenios de intercambio, con el fin de generar vainas de solidaridad en los grupos”, explicó Betancur sobre los vínculos establecidos entre los miembros de la red.

El respaldo que existe entre estos, es evidente en escenarios como el Festival Carmentea, en el que hay un trabajo conjunto entre los grupos participantes, apoyándose desde la venta de las boletas en las taquillas hasta la puesta en escena al momento de la obra.

Camila Ríos, estudiante del pregrado de Arte Dramático de la Universidad de Antioquia, seccional Oriente y participante en el Festival Carmentea como actriz, contó que el haber tenido parte en la quinta versión, fue significativo puesto que, además de contribuir a la circulación y al reconocimiento del grupo de teatro en escenarios diferentes a la Universidad, le mostró la necesidad de “fortalecer los lazos locales, para poder crecer y alentarse como red”.

Ríos resaltó la logística del festival, el soporte que tuvieron los actores después de estar en escena y la “energía bonita” que sintieron ella y sus compañeros, quienes también actuaron allí.

“Es muy bonito ver cómo no solo ‘Kamber’ se vincula a este proceso sino también todo el grupo Tespys, cómo unos están ahí ayudándonos en las luces y en el sonido. Otros están pendientes de los refrigerios. Al salir ‘Kamber’ está a la espera de un abrazo, entonces es muy bacano quedar con la satisfacción y el cariño”, amplió Ríos.

El Festival de Teatro Carmentea, a pesar de que es local y se realiza con los grupos del municipio, cuenta con un invitado nacional, en esta versión fue Farenheit 451, oriundos de Chía, Cundinamarca.

Para Yenny Cantor, fundadora y actriz de la Corporación Cultural Fahrenheit 451, fue “muy enriquecedor estar en el festival y saber qué estrategias utilizan, cómo han hecho que en El Carmen de Viboral la gente esté pendiente del teatro, se acerque, tenga la cultura del aporte y del pago por venir a presenciar un acto cultural”.

‘Kamber’, quien ha sido uno de los testigos de todo el proceso de apropiación de la población carmelitana por el teatro como movimiento cultural, relató que “normalmente no hay profetas en su tierra”, sin embargo la constancia en las actividades realizadas en la Sala de Teatro Tespys y los Festivales, ha creado un “hábito y la gente está ávida de ver teatro” y la muestra de esto es que en ambos festivales hay público.

Sin embargo hay un hecho que ha sido trascendental: el proyecto de formación de públicos Estudiante Espectador de Teatro, el cual se ha realizado con estudiantes de diversas instituciones educativas del municipio.

Está divido en dos momentos: uno que se realiza en las aulas de los colegios; los jóvenes participantes reciben elementos para leer y ver las obras, acercándose a un lenguaje teatral, que incluye también el uso de las luces y el sonido. El segundo momento se lleva a cabo en la Sala de Teatro Tespys, cuando los estudiantes van a presenciar las obras que anteriormente estudiaron.

Este proyecto ha sido un modo de vincular a la población carmelitana y de atraer nuevo público hacia la sala. Muchos de los jóvenes que han participado en el proyecto, regresan nuevamente a ver teatro y lo hacen con invitados: sus amigos o su familia.

“El Carmen tiene una vocación cultural, que se traduce a muchos años atrás con el tema de la cerámica. Los diferentes colectivos y grupos artísticos han realizado un ejercicio de apropiación social. Lo más importante es cómo lo logran, cómo la ciudadanía se apropia de estos escenarios. Cuando ya la ciudadanía adquiere ese compromiso, obviamente el Estado entra a jugar un papel muy importante y permite generar alianzas con voluntad política para hacer que muchos de esos procesos salgan adelante y tengan fuerza”, manifestó por su parte, María Eugenia García, directora del Instituto de Cultura.

En contraste, Betancur resaltó que ha sido importante “mantenerse independientes”, pero sin dejar de buscar alternativas para que los entes gubernamentales cumplan con “su obligación cultural”. Esta independencia se explica no solo hacia el campo estatal, sino también con la misma conformación de la redes Carmentea y Gato, pues están estructuradas desde la horizontalidad.

“Normalmente entre los gremios siempre hay peleas, nosotros tratamos de que no, porque si no nos joden los que sí tienen realmente poder, no nos vamos a joder entre nosotros. Hay que entender la política como una manera de estar juntos, de otro modo, es muy difícil sostener una escuela, un festival y una red”, puntualizó Betancur.

García, considera que El Gesto Noble, Carmentea, el Víboral Rock, el Carnavalito de Música Andina y Latinoamericana, han hecho grande la dinámica cultural en el municipio, creando una cadena de valor que beneficia no sólo al sector cultural sino el comercial.

Por su parte, Robinson López, habitante del municipio, considera que el festival genera “nuevas formas de vivir El Carmen de Viboral”. Esto le genera orgullo, sobre todo porque, por el hecho de ser un pueblo “aún tradicional”, para muchos adultos del municipio empiezan a generarse nuevas perspectivas que antes estaban marcadas por ideas moralistas acerca del teatro y la música.

Por eso, la apropiación de los habitantes del municipio por el movimiento teatral no es una labor terminada. Sin embargo, se puede concluir que los avances obtenidos tienen que ver con las labores pedagógicas realizadas con la comunidad, la unificación de los procesos teatrales y los vínculos que han logrado establecer los colectivos teatrales con el Instituto de Cultura de El Carmen de Viboral.

 

Las políticas globales de los últimos años, que se ven reflejadas en los Estados, han venido
entendiendo y tratando la cultura como un lucrativo sector de la economía, como un
ejercicio que se define en el consumo de espectáculos de entretenimiento, como una
mercancía más, reduciendo cada vez más el papel fundamental que la cultura tiene en la
vida de los seres humanos y las comunidades.

Al público rural de El Carmen de Viboral los separan de las salas de teatro, en algunos casos, hasta 6 y 8 horas de camino. Al mejor estilo del dramaturgo griego Tespis, quien armado de una carreta llevaba montajes de ciudad en ciudad, el grupo de teatro que lleva su nombre “Tespys”, en El Carmen de Viboral, emula desde 1988 el ejercicio del dramaturgo llevando las salas de teatro a las veredas del municipio.

Miércoles, 15 Noviembre 2017 18:59

LA BAILARINA SONÁMBULA de José Manuel Arango

Hay un texto de José Lezama Lima en el que aparece una bailarina sonámbula. La frase, como es frecuente en el escritor cubano, nos sorprende como destello verbal, como súbito. La bailarina no es asunto de una narración ni motivo de un poema. Es una imagen que cruza entre una sucesión de imágenes, un miembro singular en una enumeración de prodigios.

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